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Durante nuestra vida desde que nacemos y evolucionamos a la etapa de la primera infancia , tienen lugar los aprendizajes más esenciales. Pasamos a la niñez donde las distintas capacidades y habilidades cognitivas comienzan a tener un papel importante para consolidarse en la adolescencia y la juventud. 

Durante la edad adulta, estas capacidades se mantienen hasta que llega un momento, alrededor de los 45-50 años, en el que comienza a  producirse un declive cognitivo que se hace más evidente en la tercera edad. Es fundamental trabajar determinadas funciones ejecutivas y capacidades cognitivas con estimulación cognitiva para  mantener un buen rendimiento a lo largo de todas las etapas de la vida.

El deterioro cognitivo es la pérdida de funciones cognitivas tales como la memoria, la atención y la velocidad de procesamiento de la información. Aparece con el envejecimiento normal y depende de factores fisiológicos, ambientales y sociales.

Estimular la actividad física y cognitiva. Ejercitar la mente a diario es clave. Completar rompecabezas, acertijos, sopas de letras y crucigramas es una actividad que trae siempre buenos resultados. En los casos en los que no hay impedimento, la actividad física puede realizarse mediante estiramientos, flexiones, y movimientos suaves.

Usar la creatividad para hacer, en estos momentos, la tarea que siempre quisimos hacer. Aprender algo nuevo cada día. Leer los libros pendientes. Pintar. Escribir. Cantar. Bailar. Animarse a una clase de idioma para principiantes. Cocinar recetas nuevas. Hacer manualidades o tener un hobby . Si disponen del espacio, tareas de jardinería.